El consenso al día de hoy es que hace unos sesenta y cinco millones de años los dinosaurios perecieron en la última gran extinción masiva de la Tierra.

Fotografía de Stocktrek Images, Nat Geo Image Collection (Ilustración)

Este hecho, que marcó el final de Cretácico y el comienzo del Paleógeno, se cree que fue producto de el impacto de un asteroide de 10 kilómetros de ancho que se estrelló en el océano frente a la costa de la península de Yucatán, en México, y creó un cráter de 177 kilómetros de ancho conocido como Chicxulub.

El impacto provocó incendios forestales y tsunamis a lo largo de miles de kilómetros. El asteroide golpeó con tanta fuerza que vaporizó un grueso lecho de rocas que había debajo, arrojando gas y fragmentos de rocas que salieron despedidos de la superficie. La temperatura se elevó a unos 155ºC, la zona de devastación llegó a más de 1600 kilómetros en minutos. Los cielos, llenos de polvo y rocas, no permitían la fotosíntesis lo que desató una destrucción de la cadena alimenticia.

Fotografía de Illustration by DETLEV VAN RAVENSWAAY, Science Source

Según un estudio del 2017, el asteroide impactó en el peor lugar: contra un suelo rico en hidrocarburos. Colisionando en un ángulo que despidió cantidades colosales de gases refrigerantes y hollín a la atmósfera superior. Sólo el 13% de la superficie terrestre tiene estas características.

Todo esto condujo a la extinción del 75% de las especies, incluidos los dinosaurios no avianos.

Un nuevo estudio en las costas de África Occidental da indicios que puede haber ocurrido un segundo impacto.

El geólogo Uisdean Nicholson, de la Universidad Heriot-Watt de Edenborough, estaba interesado en reconstruir cómo se separó Sudamérica de África hace aproximadamente 100 millones de años.

Fuente: dinosaurpictures.org

Haciendo un mapeo con sonar, Nicholson detectó algo extraño: Una depresión rodeada por un borde con un pico prominente en su centro, lo que es común entre esos cráteres.

El equipo estima que la colisión habría desatado la energía de 5000 megatones de TNT, vaporizando casi instantáneamente el agua y las capas del lecho marino.

La onda expansiva habría hecho que la roca sólida fluyera como un líquido. En cuestión de minutos, el fondo marino habría rebotado hacia arriba en un pico central y luego se habría derrumbado sobre sí mismo.

El resultado sería un montículo dentro de una depresión en forma de cuenco en el centro como los cráteres lunares.

El nuevo cráter, bautizado como Nadir por un volcán submarino cercano, parece haber sido formado por el impacto de un asteroide de al menos 400 metros de ancho, y puede haberse creado más o menos al mismo tiempo que el cráter de Chicxulub.

El objeto que impactó en Nadir habría sido considerablemente más pequeño que el de Chicxulub, por lo que sus efectos fueron probablemente regionales. Pero si se confirma, el segundo impacto de un meteorito en rápida sucesión podría haber ayudado a empeorar las cosas.

En una de las hipótesis, el par de asteroides podría provenir de un único cuerpo madre que se fracturó en dos antes de colisionar con la atmósfera terrestre y golpear el suelo a más de 5000 kilómetros de distancia.

Los autores del estudio ya solicitaron fondos de emergencia para perforar la formación Nadir y recoger muestras de la roca del cráter.

Fuente: nationalgeographic.es