Detectaron una señal de radio de Proxima Centauri

Los astrónomos detrás de la más extensa búsqueda de vida extraterrestre están investigando una intrigante emisión de ondas de radio que parece haber venido de la dirección de Próxima Centauri, la estrella más cercana al sol.

El telescopio Parkes en Nueva Gales del Sur, Australia, que captó las ondas de radio en abril y mayo del año pasado.
Crédito: CSIRO/PR

Las ondas de radio fueron captadas durante 30 horas de observaciones por el telescopio Parkes en Australia en abril y mayo del año pasado. El análisis de las ondas se ha estado llevando a cabo durante algún tiempo y los científicos aún no han identificado interferencias provocadas por el hombre (terrestre o satelitales) ni fuentes naturales que hayan podido provocarla.

Es probable que la señal también tenga una explicación mundana, pero la dirección del rayo, de alrededor de 980MHz, y un aparente cambio en su frecuencia es consistente con el movimiento de un planeta. Los científicos están preparando un documento, llamado BLC1 (Por Breakthrough Listen, el proyecto de búsqueda de evidencia de vida en el espacio).

Próxima Centauri

Próxima Centauri o Alfa Centauri C​ es la estrella más cercana al Sol.
Fue descubierta en 1915 por Robert Innes, director del Observatorio Union de Sudáfrica, es una estrella enana roja de 11va magnitud aparente situada aproximadamente 4,22 años luz de la Tierra, en la constelación de Centaurus (aunque su intensidad lumínica es demasiado débil para ser observada sin instrumentos astronómicos).

Se sabe que al menos dos planetas orbitan alrededor de la estrella. Uno es un gigante gaseoso y el otro es un mundo rocoso 1.3 veces más masivo que la Tierra. Conocido como Próxima b, el planeta gira alrededor de su estrella cada 11 días y se encuentra en la llamada “zona habitable”, donde la temperatura es adecuada para que el agua fluya y se acumule.

Antecedente 1: La Señal ¡WOW!

La señal “¡Wow!” fue una señal de radio de corta duración captada durante una búsqueda de inteligencia extraterrestre por el Observatorio Big Ear Radio en Ohio en 1977.
La inusual señal, que ganó su nombre después de que el astrónomo Jerry Ehman escribiera “¡Wow!” junto a los datos, desató una ola de excitación, aunque el mismo Ehman advirtió acerca de sacar “vastas conclusiones a partir de datos a medias”.

Crédito: Wikipedia

El desafío para los astrónomos dedicados a encontrar vida inteligente en los cielos, es detectar posibles “tecnofirmaciones” entre el incesante balbuceo de las ondas de radio de los equipos en la Tierra, los fenómenos cósmicos naturales, y el hardware orbital que circula por el planeta. No es una tarea fácil. En 1997, la cazadora de alienígenas Jill Tarter (que inspiró el personaje de Ellie Arroway en el libro Contacto de Carl Sagan), detectó una señal potencial, pero más tarde se descubrió que se transmitía desde una antena en la nave espacial Soho, una misión conjunta de observación del sol de la Nasa y la Agencia Espacial Europea.

Antecedente 2: Susan Jocelyn Bell

En noviembre de 1967, el recién estrenado radiotelescopio de la Universidad de Cambridge detectó ondas de radio en el espacio. No parecían una novedad. Ya se sabía que moléculas de agua y amoníaco eran captadas por las antenas así como otras perturbaciones causadas por estrellas.

Pero esta nueva fuente de ondas no era como las demás. Susan Jocelyn Bell, estudiante de Doctorado, fue quien analizó detenidamente los registros y quedó asombrada al descubrir que las emisiones de la nueva fuente eran llamativamente regulares y rápidas: una cada 1,3373 segundos.

Crédito: Billthom

Inmediatamente puso manos a la obra y junto con el director de su grupo de trabajo, Anthony Hewish, analizaron los datos. Denominaron a la señal LGM (del inglés, Little Green Men, pequeño hombrecito verde). Pensaban que podía provenir de civilizaciones extraterrestres.

Pero no. Ni extraterrestres, ni satélites. Cuando eliminaron todas las posibilidades conocidas apareció la novedad: las señales provenían de estrellas muy masivas que giraban a gran velocidad: Los Púlsares. En febrero de 1968, el descubrimiento realizado por Jocelyn fue publicad en Nature.

Estudios posteriores realizados por grupos de astrónomos ratificaron las observaciones. Estos objetos comenzaron a ser conocidos con el nombre de púlsares.

Los púlsares son estrellas de neutrones que giran emitiendo ondas de radio. Cuando apuntan hacia nosotros podemos detectarlas pero, si siguen girando, ya no vemos su señal hasta que nos apuntan de nuevo. Desde la Tierra parece que la estrella emitiera pulsos intermitentes.

Crádito: Jm smits

El descubrimiento fue reconocido por el Premio Nobel de Física de 1974 (el primero dado a un trabajo astronómico).

Pero fue Antony Hewish, supervisor de tesis de Bell, quien recibió el Premio Nobel, junto con el astrónomo Martin Ryle (por la técnica llamada síntesis de apertura). Aunque el artículo que anunciaba el descubrimiento de los púlsares tenía cinco autores, Antony Hewish (en caracter de supervisor) figuraba primero, y Bell segundo. Muchos astrónomos prominentes criticaron la omisión de Jocelyn.

En 1977, la misma Jocelyn Bell restó importancia a esta controversia, diciendo: “Creo que degradaría los Premios Nobel si se otorgan a estudiantes de investigación, excepto en casos muy excepcionales, y no creo que éste sea uno de ellos”

Fuentes: theguardian.com y Valeria Edelsztein

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